jueves, 9 de julio de 2009

Cuanto dolor puede caber en el alma...

Cuanto dolor puede caber en el alma… Te presiento… Siempre al acecho. Para hacerme pasar de la alegría a la tristeza Como el león que aguarda a su presa… Dispuesto a provocar mi más doloroso lamento. Y llegas… Y golpeas… Y me destrozas por dentro. Como la furia de la peor de las tormentas… Haciendo que la herida siga abierta Sin encontrar jamás el consuelo. Siempre estas ahí, saliéndome al encuentro. Apareces cuando menos se te espera. Y en el rincón del alma dormida despiertas El más descarnado momento. Yaces en lo más profundo, siempre atento. Ayer, hoy… siempre… sin darme descanso ni tregua… Consiguiendo convertir en pena La alegría del mejor intento. Siempre tú… Mi más angustioso recuerdo. Pegado a mí… Como la hiedra Haciendo que mi corazón se vuelva piedra… Bajándome del cielo hasta el averno. Desde aquel infame día, sólo espero La bendita hora en que desaparezca Tanto dolor y tanta tristeza Para poder renacer de nuevo. Ningún padre debería pasar por esto… Todo debió ser de otra manera Pues al fin, solo queda la certeza De que para vivir así… A veces, mejor haberse muerto.

3 comentarios:

giakkomo dijo...

Solo queda la Esperanza y la voluntad más dolorosa Don Antonio.
¡ÁNIMO!

Javi dijo...

LOS MALDITOS LOMOS, ANTONIO!!!!......HAY QUE SEGUIR, EMPUJANDO HACIA ARRIBA!!!!

Anónimo dijo...

En ti ella vive, mora en tu recuerdo, por eso nunca te abandona y siempre acude a verte, por que tu eres su padre y de ti tampoco ella se olvida, aunque solo sea a traves de su recuerdo.

Ahora más que nunca puedo entenderte, ya que la vida vida me ha traido y comprendo lo que es ser padre y lo que una sonrisa supone parra llenar todos los momentos. Ni imaginarme puedo tu dolor pero si entenderlo.

Solo recuerda que te queremos, que muchos nos consideramos como tus hijos, por lo mucho que nos quieres y nos has dado, y, por eso, aunque sea incomparable y hasta pueda resultar zafio, no te olvides que eres, para muchos de nosotros, mas que un amigo.

Ella esta orgullosa de ti.

Hay que seguir caminando Antonio, y entre izquierdo y costero, un lomo. Aprieta los dientes.

Te quiero.
FRANITO