lunes 30 de enero de 2012
domingo 29 de enero de 2012
sábado 28 de enero de 2012
Y contaran que una tarde de Enero...

Y contaran que una tarde de Enero
El abuelo y su nietecita,
Como a diario siempre hacían…
Para terminar con su paseo
Entraron en la capilla…
Y que al terminar la visita,
Cuando a la puerta se dirigían
Rompió a llorar el viejo…
Y que volviendo sobre sus pasos
Se sentaron otra vez en un banco.
Y que el abuelo emocionado
Cogiendo sus tiernas manitas
Tras dar un beso en sus mejillas
Y guardar su pañuelo arrugado
Sacando fuerzas de flaqueza
Con infinita tristeza…
Abrió el corazón a su nieta
Y que allí, solos frente al retablo
El invierno se tornó en primavera…
Y por primera vez, después de tantos años
Sintiéndose joven de nuevo
Sin caberle el corazón en el pecho
Le contó su pequeño milagro…
¿Recuerdas, aquello de lo que te hablé…?
¿Te acuerdas preciosa mía?
Pues aquello que entonces no comprendías
Esta tarde al fin te lo explicaré…
De esto, hace ya muchos años,
Y estando como hoy estamos
Sentados en este banco
A mi bendito Cristo le pregunté
Si Él quería que volviera a hacer algo…
Y como siempre está dispuesto a ayudarnos…
La respuesta que andaba buscando
De sus mismos labios escuché….
¿Y que le preguntaste abuelo…?
Le pregunté con toda mi alma
Si al menos quería que intentara….
Ser quizás por última vez su costalero…
¿Y qué te contestó abuelo…?
Pues como buen Padre
Trajo a mi alma el consuelo.
Y desde aquella tarde,
Solo espero el momento
De que me llame de nuevo
Para poder cumplir nuestro acuerdo.
Esta fue su respuesta tesoro, la llevo grabada a fuego.
“¿Otra vez aquí, costalero,
Como haces cada día…? Pero
Hoy todo va ser distinto, hoy terminaremos esto.
Se que siempre me llevaste dentro…
Todo al fin, a Mi llega… Llegan tus rezos
Y tus plegarias… Y también llegan tus sueños.
Y cuales son tus dudas y cuales tus miedos
¿Por qué sigues con tu empeño…?
Esto quedará para nosotros y aunque es cierto
Que volver a ser Mi costalero
Sigue siendo tu mayor anhelo
También lo es que se acabo tu tiempo.
Que de tus sueños y pasados recuerdos
Tengo Mi corazón lleno…
Más recuerda que una vez,
Con arrogancia y altivez
Fuiste tu quien me dijiste hasta luego
La noche de un Lunes Santo.
Y que Yo recogí tu palabra apenado.
Fuiste tu quien no quiso ser ya mi cirineo…
Fuiste tu quien se marcho de Mi lado…
Y en el sitio que ocupabas, ya otro ocupa tu puesto…
Por eso ahora, que el tiempo ha pasado
Y Yo ya te he perdonado
Te vuelvo a regalar otro intento.
Pero quiero que lo hagas lejos…
Ve a otro sitio, con tus otros hermanos
Y vuelve a intentarlo de nuevo.
Y nunca olvides que siempre estaré esperando
Para volver a llamarte de nuevo.
Y ese día, junto a tantos como te precedieron
Espero que a mi llamada acudas presto
Solo entonces, a la voz de tu capataz
Me podrás de nuevo pasear,
Como siempre ha sido tu sueño.
No dejes nunca de seguir viniendo a vernos…
Y ahora, antes de que te vayas…
Y salgas hoy de Mi casa…
Una última cosa te ordeno
Cuando en las tardes de Lunes Santo,
Entre azahares y naranjos…
Yo camine por las calles de Mi barrio
Solo de ésta forma, podrás volver a ser mi cirineo…
Cuida de tus nazarenas desde que salgan
Hasta que por fin estén dentro…
Que nos le falte de nada…
Está siempre atento,
Que con tu penitencia acabada
Me sentiré satisfecho.
Y como tanta dedicación y tanto empeño
A Mi parecer merecen premio…
Te permito que me sigas paseando
Pues sigue siendo tú mayor anhelo…
Pero será otro día… No el Lunes Santo.
A Mí, siempre me podrás soñar en tus sueños.…
Y desde ahora y para siempre… Vete en paz, costalero.”
¿Y tú que hiciste Abuelo?
Pues desde aquella tarde, encontré la paz…
Y aparte de obedecerlo,
Hice siempre su voluntad
Y cumplí cabal nuestro acuerdo.
Aunque me costara tantas lagrimas comprenderlo.
Y aquí me tienes, preciosa, aguardando el momento
Esperando desde entonces su llamada
Con mi ropa preparada
Para que cuando me llame, me coja siempre dispuesto…
Y mientras llega ese día, mi cielo
Ese día que tanto espero,
El día que por fin de nuevo
Pueda ser su costalero…
Seguiré cada día viniendo a verlos…
Y por las noches, cuando me venza el sueño
Seguiré soñando que vuelvo a ser su costalero…
jueves 26 de enero de 2012
¿Que hago Señor…?
A tus pies me pongo de nuevo
Señor… Mi cristo del Soberano Poder
A rogarte, a rezarte, a pedirte de nuevo consejo
Porque bien sabes que no se lo que hacer…
¿Por qué cuando cada tarde voy a verte
No me muestras el camino…?
¿Por qué no encuentro la paz cuando estoy contigo…
Por qué Señor no cambias mi suerte…
Y me dejas a mi forma devolverte
Tanto bien como has hecho conmigo?
¿Por qué en medio de mis sueños
Apareces nuevamente contrariado
Por no entregarme desbocado
Al que sigue siendo el mayor de mis anhelos…?
¿Que quieres que haga Señor...?
¿Le hago caso a todo el mundo, siendo cuerdo…
O me abandono al más preciado de mis sueños
Y aunque sea por última vez lo intento…?
Ya se que no es mi tiempo.
Ya se que en mi contra luchan los recuerdos,
Los años, el dolor… Y también el miedo.
Pero que puedo hacer, Señor… Si no acierto
A ver claro mí camino… Si me muero
Por volver a intentar ser tu costalero.
¿Por qué al despertar cada mañana
Lo primero que me viene a la cabeza
Es que tengo la certeza
De que aún me quedan ganas…
De que aún me queda casta…
De que aun me quedan fuerzas
Para poder llegar contigo hasta la puerta…?
¿Por qué cuando me vence el sueño
Mi pensamiento postrero
Sigue siendo revivir el momento
De volver a ser tu costalero…?
¿Por qué no me iluminas, Bendito Cristo de mis sueños…?
¿Por qué me parece que estas enfadado conmigo…?
¿Por que Señor…? Si hasta mis amigos
Me aconsejan que olvide mi anhelo
Aunque siga muriéndome por volver a ser tu costalero…
Muéstrame si estoy en lo cierto.
Ayúdame a comprenderlo…
Muéstrame cual es tu verdadero deseo.
Y si fuera el no volver ha hacerlo,
Si no quieres que sea ya tu cirineo
Gustoso aceptaré que no es mi tiempo.
Pero si tu voluntad otra fuera…
Ya que sólo Tú eres mi dueño…
Dame la oportunidad Señor… Dame fuerzas
Para sacar de mis muchas flaquezas
Lo poco o mucho que aun tenga
Y si aún te puedo servir de ésta manera
Deja que esta primavera
Haga realidad mis sueños.
Y aunque por última vez lo fuera...
Déjame ser otra vez tu costalero.
miércoles 25 de enero de 2012
Cuanto te voy a echar de menos... Compadre.
Cuanto te voy a echar de menos…
Que podría decirte compadre,
Que tú no hayas vivido
A mi lado o que camino
Podría intentar mostrarte
Que juntos no hayamos recorrido.
Nuestro Jefe, nuestro Dios, nuestro Dueño
Ha vuelto a llamarme y no quiero
Que por mi quede, de manera que me entrego
Otra vez, sin ninguna reserva, a intentar ser su cirineo.
Pero la dicha nunca es completa
Y por mas que yo quisiera
Nada volverá a ser igual esta primavera
Si tu no estas bajo sus trabajaderas…
Ni sabrán igual las albóndigas, ni la cerveza,
Ni la salchicha de la cuesta…
Ni me sabrán igual los kilos…Ni la leña.
Sabiendo que podrás estar cerca…
Pero que nada será como antes lo fuera…
Ojú compadre, cuanto te voy a echar de menos.
Cuanto voy a extrañarte cuando estemos de nuevo
Intentando llevar a nuestro bendito Cristo moreno
Como hacíamos ayer… O como lo hacíamos en nuestros sueños.
Si Él decide llamarnos de nuevo
Que más da que ya seamos viejos…
Que más dan las canas que peinemos
Si de ilusión, ganas y casta, llevamos los bolsillos llenos…
Compadre cuanto voy a echarte de menos…
En el más sublime y esperado momento
Cuando en la puerta, a tierra… Me apriete el madero
Y tenga la certeza de que tu ya no estas dentro…
Y cuando en el relevo vuelva la vista atrás…
Por mucho que me empeñe en mirar
Ya no volveré a ver aquel viejo costal…
Ni a mi amigo, al que siempre acostumbraba encontrar.
Ojú compadre, cuanto te voy a echar de menos.
Cuanto voy a extrañarte cuando estemos de nuevo
Intentando llevar a nuestro bendito Cristo moreno
Como hacíamos ayer… O como lo hacíamos en nuestros sueños.
Gracias Señor, Por permitirme intentarlo de nuevo.
Como cada mañana, te presiento.
Da igual el día de la semana o el año…
Cada vez que entro al despacho
Se que sigues aguardando tu momento…
Tras la puerta del viejo ropero…
Ahí, agazapado… Esperando al acecho
Dentro del viejo macuto, aguardando.
No sé si un milagro o el comienzo del llanto…
Sabiendo que tarde o temprano
Volverías a servirme de nuevo.
Mi viejo costal de arpillera…
Tú, que hacías que cada primavera
Soñara con ser costalero…
Y me regalabas momentos de ensueño.
Tu que tan cerca de mi has estado,
Tan cerca y a la vez tan lejos…
Quizás ya no sean nuestros tiempos
Quizás seamos los dos demasiado viejos
Pero….
Si Él lo permite de nuevo…
Si me ha vuelto a regalar mi mayor anhelo…
Pues si Ha decidido hacerme el mejor regalo…
A Su llamada acudo presto.
Y si las fuerzas me siguen acompañando
Volveré a intentar ser su costalero.
Volveré a vivir el privilegio
De revivir el mágico momento
Como antes tantos buenos hombres vivieron.
Si Él me sigue llamando…
Y me permite despertar de mis sueños…
Si Él me da lo oportunidad de seguirlo intentando,
Quien soy yo para negarlo…
Como tres veces le negó Pedro.
Y si por el contrario, en mi intento
Fracasara y mi voluntad fuera mayor
Y los años, el cansancio y el dolor
Vencieran al hombre y a su mayor anhelo…
Habrá sido su voluntad… Pero
Nada podrá hacer que olvide el momento
De haber intentado de nuevo
Sentirme tan cerca de Él y sentirme costalero.
Pues si, mi fiel compañero…
Mi viejo costal de arpillera…
Entretejido de sueños y estrellas…
Si el Jefe lo permite de nuevo
Cuando el azahar rompa la primavera
Voy a intentar soñar… Pero esta vez soñaré despierto.
Quiero intentar Señor, ser digno de Ti de nuevo…
Quiero que cada segundo que me regales, sea eterno.
Que cada abrazo con alguno de mis compañeros
Se convierta en certeza de que ésta vez no es un sueño.
Gracias Señor… Bendito Cristo moreno
Gracias Señor, Por permitirme intentarlo de nuevo.
martes 24 de enero de 2012
Sin palabras...
domingo 8 de enero de 2012
Reflexiones de buena mañana...
El 2 de febrero de 1905 nació en San Petersburgo la filósofa y escritora estadounidense (de origen ruso) Alissa Zinovievna Rosenbaum, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, y falleció en marzo de 1982 en New York. Nunca más oportunas las palabras de la autora de esa magnífica novela que es Atlas Shrugged, traducida al español como La rebelión de Atlas, una suerte de anticipo de lo que nos está pasando a los españoles y en mayor o menor medida a todo el mundo:
"Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada." Ayn Rand (1950)
SALARIO MÍNIMO INTERPROFESIONAL EN EUROPA:
Luxemburgo: 1.750 ¤ ;
Irlanda: 1.653 ¤ ;
Bélgica: 1.389 ¤ ;
Holanda: 1.385 ¤ ;
Francia: 1.350 ¤ ;
Reino Unido: 1.005 ¤ ;
España: 624 ¤
Y los gobiernos y senadores españoles ganando lo mismo que los europeos de "primera clase", los parlamentarios españoles, en el Parlamento Europeo, ganando igual que los "europeos ricos". Los unicos que somos europeos solo para lo que les interesa, "los españoles de 3ª, 4ª, 5ª etc". Para que luego digan que solo hay CASTAS en la India.
Que sepan que lo sabemos y les dé vergüenza (si la tienen).
Desde luego, para mear y no echar gota...
"La politica es el arte de buscar problemas, encontrarlos y aplicar las soluciones equivocadas". Groucho Marx.
miércoles 21 de diciembre de 2011
Aprovecho éste momento de respiro que me da la mañana, para desear a todo el que a bien tenga pasarse por este rinconcito de mi existencia mis mejores deseos de Paz, Felicidad y Esperanza en estas fiestas y todo lo mejor para el año que está por llegar...
Que Nuestro Señor y Su Bendita Madre os colmen de bendiciones siempre.
Un cariñoso abrazo para todos.
Antonio Salés Trillo.
domingo 18 de diciembre de 2011
Esperanza...
Como escribí hace algún tiempo:
"Mi pobre y desgarrada alma entera se llena
Sólo con tu bendito nombre… Esperanza.
Llevo ya demasiado tiempo, es cierto…
Intentando crear para ti, una nueva letanía
Con la que abrir de nuevo el alma mía…
Y reconfortar mi corazón con tu rostro sereno.
Si da igual un palio verde o blanco…
O un manto de tisú… O la mejor toca de sobremanto
O una corona de oro que te hicieran las mejores manos…
O la mejor pedrería, o el barro del mejor alfarero.
O la mejor candelería… O Juan Manuel en el recuerdo…
O la cárcel de Sevilla con sus presos…
Si para mi no existe ni luz, ni sombra ni cielo,
Si no encuentro el mejor verso para enjugar tu llanto…
Que más puede darme a mí
Que seas vecina del arco o de la calle larga
O vivas en la Puerta Osario, Esperanza…
Si tu sola presencia es capaz de abrir
De par en par las puertas del alma.
Si sólo el invocar tu Bendito nombre, todo lo abarca.
Cuando reclamamos del mismo Dios la Esperanza…
Por eso hoy, no voy decirte Morena…
Ni rayo de sol, ni princesa… Ni blanca azucena.
Ni piropos, que ya tienes páginas llenas.
Que para el verso, está el poeta…
Hoy quiero ponerme a tus plantas…
A ofrecerte lo único y mejor que tengo… Mi vida.
Y a volver a implorar ante ti, de rodillas
Que nos sigas llenando el corazón con tu nombre… Esperanza."
Contra todo lo anterior... LA ESPERANZA...
Ansiedad... Miedos... Fobias... Males de nuestro tiempo.
Un muy interesante articulo de Luz Sanchez-Mellado.
Aparecido en el Pais, 18-12-2011
La crisis, las prisas, la presión, la autoexigencia. Las amenazas, reales o magnificadas por la percepción de cada uno, se multiplican y nos acechan. La ansiedad es necesaria. Pero nuestro mecanismo de defensa frente al peligro puede volverse contra nosotros. ¿Por qué estamos al borde de un ataque de nervios?
Elena se despierta sobresaltada. No ha tenido pesadillas, o no las recuerda. Mira el reloj: las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada. La misma hora que ayer, y antes de ayer, y todas las noches desde hace una semana. El corazón acelerado, un sudor frío brotándole de súbito, el estómago en la boca. No se alarma, no demasiado. Sabe lo que no le pasa. No le va a dar un ataque al corazón, no se va a morir, no en este momento. La primera vez que le sucedió algo así "pero a lo bestia", hace un par de años, poco después de la traumática muerte de su padre, se asustó tanto que su marido, que ahora duerme como un tronco a su lado, la llevó a urgencias del hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, a 10 minutos de su casa, creyendo que le estaba dando un infarto. En absoluto. Después de que un internista descartara tal posibilidad, Elena acabó con un ansiolítico debajo de la lengua y un diagnóstico rápido del psiquiatra de guardia que posteriormente confirmaría el psicólogo privado al que acudió durante todo el año siguiente: ataque de pánico compatible con trastorno de ansiedad generalizada.
Desde entonces, Elena, de 42 años, casada y madre de dos hijos, está aprendiendo a vivir con su angustia. Hija modelo, hermana mayor, trabajadora perfeccionista, madre clueca, se recuerda siempre preocupada por todo y por todos. Pero desde aquel "clic" que ella atribuye al fallecimiento de su padre y su consiguiente "quiebra emocional", la preocupación se le fue de las manos. Aún tiene rachas. Aunque se reconoce nerviosa a menudo, mantiene su inquietud a raya a base de disciplina. Pero un revés familiar, una mala noticia, un apretón de trabajo como el que le cayó hace una semana puede volver a desencadenarle "yuyus" como el descrito.
Momentos en los que siente que no llega, que algo malo va a suceder, que no puede con su vida. Por eso ya no se asusta. Ni recurre a los comprimidos de benzodiacepinas que le prescribió el psiquiatra. Sabe que si aguanta el tiempo suficiente controlando la respiración, cerrando los ojos, tratando de pensar en otra cosa, el sudor remitirá, pasarán las náuseas, el corazón volverá a su ritmo. Puede que hasta le dé tiempo a echar una cabezada hasta las siete, hora en la que tendrá que levantarse, llevar a sus hijos al colegio y empezar su jornada de 10 horas en una agencia de publicidad. Elena padece de ansiedad, el trastorno mental menor más común -entre un 15% y un 20% de la población, mujeres en una proporción de dos tercios, lo sufrirá en algún momento de su vida, según la OMS-, y la va capeando como puede, como tantos. La diferencia es que ella lo sabe porque un día su inquietud la puso contra las cuerdas y pidió ayuda. Otros ni siquiera le ponen nombre ni remedio a su sinvivir.
Al borde del abismo. Días de vértigo. Presión insostenible. Cumbres de infarto. Tiempos convulsos. Llevamos meses, años incluso, leyendo a diario sentencias apocalípticas en los medios a propósito de la situación de las empresas, los Gobiernos, los países, la humanidad entera. No es de extrañar que muchos estén al borde de un ataque de nervios.0
Estamos asustados. Individual y colectivamente. El 45% de los trabajadores tienen miedo a perder su empleo y más del 80% creen que las cosas no mejorarán en un futuro próximo, según el estudio Los españoles y la enfermedad del miedo, publicado por la Fundación Pfizer en 2010. El doctor Enrique Baca, especializado en psiquiatría y neurología, alertó en la presentación del mismo de que ese miedo puede llevar a las personas y a la sociedad a la ansiedad y la parálisis. La paradoja es que si no estuviéramos ansiosos, estaríamos muertos.
La ansiedad es un mecanismo de defensa de los seres humanos frente al peligro. El sistema de alerta cerebral que activa el organismo para encarar las amenazas y que nos ha permitido sobrevivir como especie desde hace milenios. Imaginemos a un hombre primitivo que presiente que un depredador -pongamos un tigre- viene a por él. Sus sentidos se agudizan, su corazón se acelera, sube su presión arterial. Su cuerpo se prepara para atacar al enemigo, esconderse o huir. Eso es ansiedad. La ansiedad buena. La que nos salva la vida cuando vemos que el coche de delante frena y hace que nosotros también frenemos en milésimas de segundo para evitar el choque. La que nos permite pensar y actuar más rápida y eficientemente cuando el tiempo apremia.
"El problema es cuando no hay tigre", explica el psiquiatra Alberto Fernández-Liria, jefe del servicio de salud mental del hospital de Alcalá de Henares. "O cuando el tigre es un gato como salir a la calle, acudir al trabajo, conocer gente, lidiar con los problemas del día a día, enfrentar la vida cotidiana. No vivimos en la selva, la estrategia tiene que ser diferente. La ansiedad normal se convierte en patológica cuando nos anula, nos paraliza, nos causa más problemas de los que nos quita".
Fernández-Liria tiene prohibido a su equipo decirle a ningún paciente "a usted no le pasa nada" o "lo suyo es de la cabeza" cuando acuden a urgencias con una crisis de pánico como la de Elena. "Claro que les pasa algo: tienen taquicardia, contracciones musculares que pueden ser dolorosísimas, sienten que les falta el aire, se creen morir. Hay que explicarles que su cuerpo se ha preparado para salir por patas porque percibe un peligro que puede ser o no real. Decirles qué les sucede suele tranquilizarles bastante. Después viene el abordaje terapéutico, que no es tan simple. El objetivo es que el afectado cambie ese mecanismo, que aprenda a poner las cosas en su sitio. No se trata de no tener ansiedad, sino de saber manejarla".
"Digamos que hay personas con el dispositivo de alarma defectuoso. Se les dispara solo o ante situaciones que no lo requieren. Su percepción del peligro es errónea. O no lo hay o, si lo hay, lo magnifican. Solo cuando eso interfiere gravemente en su vida cotidiana podemos hablar de trastorno de ansiedad", ilustra Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. Según Echeburúa, hay muchos más ansiosos crónicos de los que creemos. "Hasta el 80% de las personas son lo que los anglosajones denominan worriers, algo así como agonías o sufridores. Gente que está siempre en vilo, que cree que algo malo está al caer, que se preocupa por todo y piensa que si no se preocupa es peor. Son personas que nunca disfrutan del todo, vale, pero también pueden ser magníficos padres y profesionales, siempre hipervigilantes, pendientes de todo. Mientras se soportan a ellas mismas y no les hacen imposible la vida a los demás y les rechazan, van tirando. Otros se acaban rompiendo. El límite entre lo normal y lo patológico es muy particular. Ya dijo alguien que enfermo es aquel que va al médico".
Los sufridores que traspasan ese límite, como Elena, padecen el llamado trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Es el más prevalente del conjunto de patologías ansiosas, que también incluye el trastorno de pánico -cuando los ataques se cronifican-, los trastornos fóbicos (agorafobia, fobia social), los trastornos obsesivo-compulsivos, el trastorno de estrés postraumático y los trastornos adaptativos ante acontecimientos vitales. "Son enfermedades comunes, por lo frecuentes, pero no siempre leves", advierte el psiquiatra Fernández-Liria, que alerta del peligro de "patologizar el sufrimiento normal, pero también de despreciar el dolor que genera". La ansiedad puede causar mucho sufrimiento. Y no solo al que la padece.
"Me gustaría llamar la atención a los que, como yo, no entendemos qué lleva a los afectados de la pandemia del siglo XXI (ansiedad, ataques de pánico, estrés) a tener que consumir medicamentos como el diazepán y el tranquimazín. Necesitamos que se conozca este problema. Yo lo padezco de otra manera: veo a mi esposa y madre de mis tres hijos casi siempre ausente, con perennes ganas de llorar y sintiéndose un estorbo para la familia. Solo quiero que sepáis que la familia y los amigos estamos ahí para daros la mano y salir juntos". Hace unas semanas, Fernando envió esta conmovedora carta al director de EL PAÍS bajo el título De diazepanes y tranquimazines. Le llamamos una tarde pocos días después de salir publicada. Nada más descolgar el teléfono accedió, agradecido, a contar por qué la escribió. Se oía de fondo un barullo de niños pequeños. Hoy es fiesta y Fernando, de 33 años, está en casa cuidando de sus tres hijos de entre 5 y 2 años. Su esposa, Blanca, de 31, está ahora mismo ingresada en una clínica madrileña. "Están intentando ajustarle la medicación porque tiene la ansiedad descontrolada, una dependencia brutal de las pastillas y es un peligro para sí misma", dice Fernando ya en la cafetería donde comparte su historia.
Desde fuera, Blanca y Fernando forman una pareja feliz. Jóvenes, con buenos empleos, un matrimonio urbano con los agobios típicos de un trabajo exigente y la crianza de los hijos. Dentro viven un infierno. Hace tres años que ella empezó a sufrir ataques de pánico y una angustia creciente a la hora de coger el autobús, acudir al trabajo, salir a la calle. Ella achaca sus problemas al estrés laboral y doméstico y a sus relativas dificultades económicas. "Nos metimos en una hipoteca importante, nacieron los gemelos, se multiplicaron los gastos, digamos que estamos mejor que muchos, pero vamos justos", rebaja Fernando. Blanca acudió a su médico de atención primaria, que le recetó ansiolíticos -las benzodiacepinas son el medicamento más utilizado- para mitigarle la ansiedad y le prescribió una baja laboral que se alargó cerca de dos años ante la creciente impaciencia de Fernando. "No lo entendía. Yo también tengo estrés, más caña que a mí no le meten a nadie. La veía encerrada en casa y me parecía un síntoma de pura debilidad. Le decía: 'Blanca, espabila, que te van a poner en la calle'. Ahora me arrepiento de mi ignorancia".
Después de un periodo de mejoría en el que ella misma se fue rebajando la dosis de ansiolíticos hasta prescindir de ellos, Blanca volvió a trabajar. Pero a principios de este verano volvieron los nervios, las palpitaciones, las crisis. La visita al médico de cabecera. Los ansiolíticos tomados sin más control que su voluntad, cada vez más mermada. Hasta que, a la vuelta de vacaciones, el jefe de Blanca llamó a Fernando. Su esposa se había desplomado en la oficina. La trasladan en ambulancia al hospital. Allí, Blanca le confiesa a su marido que se ha tomado un puñado de pastillas. "No quiero morir, solo tengo mucho dolor dentro y quiero que se me pase", le dijo. "Se te cae el mundo encima", resume hoy él. Desde entonces se le ha caído otras cuatro veces. Las mismas que Blanca, otra vez de baja en casa, ha vuelto a sobremedicarse con sus benzodiacepinas a pesar del control al que la someten sus familiares. Después de la última, la psiquiatra de urgencia aconsejó su ingreso voluntario en una clínica para "desintoxicación y ajuste farmacológico", según reza en el informe. Lleva allí 10 días. "Cuando salga, dicen que la derivarán a un psicólogo para ver dónde está la raíz de lo que le ocurre", dice Fernando. ¿No tendría que haber sido al revés?
Los 'ansiosos' que piden ayuda suelen hacerlo, en primera lugar, a su médico de cabecera. La Sociedad Española de Medicina de Familia estima que uno de cada tres pacientes acude a consulta con síntomas relacionados con problemas de salud mental. No necesariamente expresan inquietud o tristeza. Les duele la cabeza, la espalda, el estómago; tienen insomnio, problemas dermatológicos, infecciones, inapetencia o hambre desaforada; están fatigados física y mentalmente, se encuentran mal. Son lo que los expertos llaman somatizaciones de los males del alma. "El organismo se resiente de la sobrecarga a la que lo somete el proceso de activación constante de la ansiedad, y el cuerpo se queja", ilustra el catedrático de Psicología Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), que estima que esos, digamos, efectos secundarios de la ansiedad no tratada no solo merman la calidad de vida, sino que pueden acortarla.
De la aptitud y la actitud del facultativo depende un buen diagnóstico y abordaje del afectado. El catedrático de Psiquiatría y director del Instituto de Atención Psiquiátrica del Hospital del Mar de Barcelona, Antoni Bulbena, coautor de la Guía para el manejo de pacientes con trastornos de ansiedad en atención primaria, opina que el tratamiento ideal combina la terapia farmacológica con la psicológica y la ambiental. "La medicación es útil en los casos agudos, pero abordar el problema solo con fármacos puede ser absurdo; igual que solo con psicoterapia en según qué casos. Cada paciente es distinto, pero al final se trata de que sepa qué le pasa, lo entienda, y aprenda estrategias y herramientas para manejarse en su ambiente". "Eso es fácil decirlo", responde una médico de familia acostumbrada a verle la cara a la ansiedad al otro lado de su mesa de consulta. "Pero solo tenemos cinco minutos por paciente, si llega; los servicios públicos de salud mental, salvo para casos graves, tienen unas listas de espera tremendas, y el paciente te pide desesperadamente un alivio". En esas circunstancias, la prescripción de ansiolíticos y antidepresivos es el recurso más factible -y barato: un psicólogo privado cuesta en torno a 90 euros la sesión-, cuando no el único para proporcionárselo. Otra cosa son los efectos no deseados.
El consumo de ansiolíticos se ha duplicado en la última década. El 16% de los españoles ha tomado algún psicofármaco en el último año, según el presidente de la SEAS. De las 900.000 personas que consumen hipnosedantes, según el Plan Nacional de Drogas, entre 600.000 y 700.000 son mujeres. Factores hormonales, la doble jornada laboral y doméstica y la mayor propensión a pedir ayuda son los aspectos que citan los expertos para explicar la prevalencia femenina de la ansiedad. Esos mismos expertos no son unánimes a la hora de calificar ese nivel de consumo de fármacos. Unos, como el psiquiatra Bulbena, estiman que hay muchos más casos de ansiedad no diagnosticados ni tratados que de consumo innecesario de medicamentos. Otros hablan de automedicación, uso inadecuado o abusivo. Y otros, como los psicólogos Cano Vindel o Juan José Legarda, directamente de adicción.
Legarda dirige Tavad, un centro especializado en adicciones radicado en Madrid donde desintoxica y rehabilita a alcohólicos, cocainómanos y también a adictos -"sobre todo adictas"- a las benzodiacepinas. "Es la droga de las mujeres", sostiene. ¿Por qué? "Porque es legal, porque se la receta el médico, porque es muy efectiva al principio. Pero cuando pasan sus efectos, si no se cambia la manera de gestionarla, la ansiedad sigue ahí. Y se vuelve a tomar pastillas para aliviarla, y cada vez se necesitan más, y al final se puede confundir la ansiedad propia con la de la abstinencia, y no es difícil caer en el círculo vicioso de la adicción". Según Legarda, la ansiedad y las adicciones están íntimamente relacionadas. "La mayoría de la gente no es feliz la mayor parte del tiempo. La clave es cómo manejar ese malestar. Unos tiran de determinación. Pero hay personas con ansiedad que buscan y encuentran refuerzo en cosas que les calmen: la comida, los medicamentos, el alcohol, y algunas caen en la adicción".
Pablo ha conducido hoy 300 kilómetros desde un pueblo de provincias hasta Madrid para acudir a la consulta semanal con su terapeuta de Tavad. Lleva tres meses siguiendo el programa de un año -5.000 euros, incluido tratamiento hospitalario, farmacológico y psicoterapéutico- que ofrece este centro para librarse de la dependencia, en su caso, del alcoholismo. Pablo, empresario de ocio, de 34 años, casado y con una hija de 3, se reconoce "ansioso" desde que recuerda. No hace falta que lo jure: habla a borbotones, se retuerce las manos, tiene las uñas mordidas hasta los codos. Pero desde que faltó su padre cuando él tenía 28 años y se tuvo que hacer cargo del negocio familiar, su ansiedad se exacerbó. Tuvo varias crisis de pánico, en las que acababa en urgencias, sin decidirse a usar - "por miedo a los efectos secundarios"- los ansiolíticos que le recetaban y sin tomar ninguna medida especial al respecto. Sí acudió, sin embargo, a otros remedios.
"Siempre fui un bebedor social. El alcohol forma parte de mi vida: lo vendo, lo sirvo, invito y me dejo invitar por trabajo. Pero empecé a beber más y más a menudo para evadirme de la presión, para relajarme de mí mismo. Hasta que empezaron los problemas con mi mujer y atisbé lo que me esperaba si seguía así. He visto a muchos acabar mal, y yo no quiero: por eso estoy aquí", explica. Más allá de controlar su alcoholismo, aquí le están enseñando a manejar la ansiedad generalizada que le ha diagnosticado el psicólogo y que le lleva a beber. Está en ello. "Ni quiero ni puedo cambiar de vida, entre otras cosas porque tengo varias familias que dependen de mí. Tampoco puedo darle la vuelta a mi naturaleza. Así que se trata de vivir con esto. Es como un amigo íntimo y pesado con el que tienes que aprender a llevarte bien".
Hace tiempo que la diseñadora de moda Ana Locking, de 41 años, aprendió a bregar razonablemente bien con la inquietud. Lo cuenta en su showroom madrileño, una pieza minimalista sin más ruido ambiental que algunas piezas escogidas de su última colección. En ellas, un alegre estampado liberty da paso, según se desciende en la longitud de la prenda, a una barahúnda de bichos -termitas, escarabajos, hormigas- que a la vez alimenta y corroe los tallos y las raíces de las flores. "Mis colecciones son en cierto modo autobiográficas", confiesa. En esta, llamada Under Beauty, Locking quería mostrar lo que la belleza esconde. "Que debajo del glamour de la moda, y de la vida, puede haber podredumbre, caos y dolor. Esta profesión no ayuda a sobrellevar la inquietud. Cada vez más exige resultados: éxito, notoriedad, cuatro y cinco colecciones por temporada. Así, creadores tan brillantes como John Galliano, Marc Jacobs o el desgraciado caso de Alexander McQueen se han roto, literalmente, en el camino".
Ana también se quebró hace 11 años. Trabajaba 16 horas diarias. Empezaba con su marca de bisutería, vendía en los mejores establecimientos del mundo, ella lo hacía todo. "Hasta que mi cuerpo petó. Tuve una crisis de ansiedad conduciendo. Bueno, eso lo supe después. Lo que sentí es que me iba a morir allí mismo". No murió. Volvió a casa de su madre. Estuvo un año con medicación ansiolítica y antidepresiva, y año y medio yendo al psicólogo. "Aun después de haberlo dejado, estuve meses con el lexatín en el bolso por miedo a que me volviera a pasar. Pero lo que de verdad me ayudó fue la psicoterapia. Me enseñaron a conocerme, a saber que tengo días buenos y malos, a dominar mi mente y mi cuerpo, que las tragedias laborales no matan, que si se cuelga el ordenador, ya volverá. Ahora soy más fuerte".
Locking, como cualquiera, sabe de colegas de profesión que tiran de orfidal, lorazepam o valium para soportar la ansiedad de los desfiles, los viajes, la vida. Pero para sufrir de ansiedad no hace falta tener oficios glamurosos ni particularmente estresantes. Es peor no trabajar en absoluto queriendo hacerlo. Los parados tienen un 2,2% más de trastornos de ansiedad que los ocupados, según el Estudio Epidemiológico de Trastornos Mentales en Europa de la OMS.
Todos conocemos también a personas que necesitan cierta ansiedad para rendir al máximo. Son los que tienen que tomarse cuatro cafés, o coca-colas, o esas bebidas energéticas tipo Red Bull que proliferan últimamente en las máquinas de las oficinas, para ponerse a punto. Gente que funciona mejor bajo presión. El doctor Carlos Tejero, vocal de la Sociedad Española de Neurología, tiene una explicación. "Cierto nivel de ansiedad es bueno para el rendimiento. Lo vemos cuando se la provocamos a una persona a la que le estamos haciendo un TAC. Se activan determinadas áreas del cerebro como las de asociación, aumenta la sincronía entre las conexiones neuronales, se está más alerta. El problema viene cuando se traspasa ese nivel de ansiedad, o cuando el sujeto no canaliza bien la respuesta. No sabemos qué pasa en el cerebro de los ansiosos patológicos", admite, "entre otras cosas porque no podemos meterlos en el tubo del TAC".
La inquietud, la incertidumbre, la zozobra siempre han sido material creativo de primer orden. Ahí está El libro del desasosiego, de Pessoa. "El hombre es angustia", llegó a decir Sartre. La filósofa Victoria Camps, autora del ensayo El gobierno de las emociones, cree que "aunque los estados de ánimo son individuales y no sociales, podemos decir que ahora mismo estamos inmersos en la ansiedad. La sufrimos todos. Los mayores y los jóvenes, que han sido educados para el éxito y ahora se encuentran con que todo es adversidad. Hasta los políticos, si son responsables, están afectados. Pero esta puede ser también una oportunidad. Hay que cambiar las cosas. Hay que transformar ese sentimiento de parálisis en acción. Y tenemos que hacerlo entre todos".
Mientras, las consultas siguen llenas. "Todos los trastornos de psicología menor tienen que ver con la ansiedad, y el resto son chorradas como lo del síndrome posvacacional", corrobora Antonio Espino, jefe de los servicios de salud mental de Majadahonda. El éxito de los profesionales es relativo. "En Reino Unido han medido la eficacia de la terapia. El 65% de los pacientes dice haber mejorado tras un tratamiento farmacológico y terapéutico, pero solo hay un 30% de remisión. No es para tirar cohetes", admite Fernández-Liria, que suele decirles a sus pacientes: "Tu cuerpo se ha preparado para correr: pues corre". La actividad física, la meditación, las aficiones, la vida social, los manuales de autoayuda. Todo sirve para no pensar o no pensar tanto en un problema que afecta no solo a quien lo sufre. "Los deprimidos son deprimentes y los ansiosos nos ponen de los nervios, pero necesitan nuestro apoyo".
Ya se lo dijo la psiquiatra de guardia a Fernando cuando este le preguntó por la razón de la sinrazón que lleva a su esposa a atiborrarse de ansiolíticos. "Nadie sabe lo que es el infierno hasta que no lo tiene dentro".
jueves 24 de noviembre de 2011
martes 18 de octubre de 2011
Oración para mi Soberano...
Gracias Señor por todo lo que me has dado
Por las alegrías que he disfrutado,
Por las penas que me han ido llegando
Y también por lo que me has quitado…
Gracias por los grandes tesoros
Que sin merecerlo, me has regalado.
Por dejarme ayudar al necesitado.
Gracias por permitirme ser de este modo.
Gracias por tanto como he reído…
Por tantos por los que he llorado.
Por los muchos a los que he amado…
Y por cuidar cada día de los míos.
Gracias por darme esperanza
Gracias por mostrarme el camino…
Gracias Por regalarme a mi amigo
Por eso, una y mil veces… Gracias…
Por el sol que lumina mis días
Por los luceros que iluminan mis noches
Por hacer que nada destroce
Todo lo bueno que hay en mi vida.
Gracias por darme consuelo
Cuando mis ánimos desfallecen…
Cuando la amargura de nuevo aparece
Convirtiendo mi primavera en invierno.
Gracias por mitigar el dolor que me apresa,
Cuando el mas triste momento me acecha…
Por permitir que de nuevo amanezca
Después de una noche incierta.
Gracias por ser mi faro y mi guía…
Y gracias, porque cada tarde
Cuando voy a visitarte
Llenas de esperanza mi vida…
Gracias por todos esos momentos
Que durante mi vida he atesorado
Gracias por tanto como me has dado
Gracias Señor… Por permitirme soñar mis sueños.
Un día cualquiera...
Hay heridas que no es capaz de curar el tiempo.
Y bien sea por la mañana, por la tarde o por la noche…
Aparece de súbito… Como el certero derrote
Que hiere y se lo lleva todo en un momento.
Cada cual, la conoce y la teme a su manera
Y tal es la puñalada que cuando llega, infiere
Que te deja destrozado para siempre
Convirtiendo el resto de tu vida en cruel quimera.
Y es tal la incertidumbre que genera
Su visita y tan grande el dolor que al marcharse deja…
Que hubieses preferido irte con ella
En lugar de la persona que se lleva.
Llega de improviso, cuando menos se la espera…
Golpea, se la lleva… Y se va… Hiriendo en lo más profundo.
Partiendo en mil pedazos el alma a todo el mundo
Dejando como el desierto, lo que una vez fue verde pradera.
Cualquier atisbo de lucha contra ella. Es en vano.
Y el día que llama a tu puerta
Da igual lo mucho o poco que tengas…
Pues sabes que llegará tarde o temprano.
Ésta es nuestra única y mayor certeza.
La que nos hace temer o maldecir su visita…
El saber que está a la vuelta de la esquina
Preparando su trabajo con presteza.
Sólo albergo la esperanza, de que el día
Que a mi puerta definitivamente llegue,
Haya regalado tanto amor, que no me niegue
Volver a disfrutar la cercanía
De tantos cuanto quise en ésta vida…
Y entonces, que sin prisas, de su mano me lleve
Poniendo punto y final a mi agonía.
lunes 17 de octubre de 2011
¿Cuantos besos pueden caber en un sueño...?
¿Cuántos besos caben en un sueño..?
¿Y cuántos abrazos tiernos…?
Si hasta sigo soñando despierto
Soñando… Con aquellos momentos.
Que profundo anida el recuerdo…
Cuanta hambre de abrazos tiernos…
Cuanto dolor debemos llevar por dentro,
Maldito instante que sigue huyendo en el tiempo…
Cuántos besos se quedaron en el tintero…
Cuántos días que sin llegar, se fueron…
Cuanto amor que se quedó en un sueño…
Cuanta gloria para tan pobres versos.
¿Cuántos besos caben en un sueño..?
¿Y cuántos abrazos tiernos…?
Si hasta sigo soñando despierto
Soñando… Con aquellos momentos.
La más bella flor de mi huerto…
Pequeño trozo de cielo
Que vino a parar a mis sueños…
Para poder soñarte despierto.
Y sigo queriendo llorar, más no debo
Enfadar al Rey de los cielos.
Que si bien me quitó otros anhelos
También me regaló
Y sigue pasando el tiempo…
Y el dolor se hace más llevadero…
Pero tu insoportable ausencia sigue doliendo…
Tu ausencia y aquellos abrazos y aquellos besos…
Que para siempre se me quedaron dentro.
Por eso sigo soñando que te tengo…
Por eso sigo soñando que te abrazo y que te beso…
Sin pensar siquiera un momento
Lo cerca que estas de mí… Y a la vez tan lejos…
Por eso prefiero seguir soñando que sueño.
¿Cuántos besos caben en un sueño..?
¿Y cuántos abrazos tiernos…?
Si hasta sigo soñando despierto
Soñando… Con aquellos momentos.
jueves 7 de julio de 2011
Hoy quiero proponer un brindis...
Hoy un brindis quiero proponer…
A todo el que quiera escucharlo
Y una vez brindado
Si a alguno no le ha gustado
Pues ya sabe lo que ha de hacer…
Brindo por todos estos años
Que tan rápido se han pasado
Brindo por los días en los que he caminado
Sin dolor en la espalda, ni en las rodillas, ni en las manos
Brindo por mi pequeña casa, tan llena de amor
Aquella casa de mi niñez.
A la que de seguro he de volver
En la que subía los escalones de las escaleras de dos en dos
Y los bajaba de tres en tres…
Brindo por cuando tenía la melena larga
Y me peinaba como me daba la gana
Sin tener que pensar en mañana…
Brindo por esos tiempos
En los que me llegaba una carta
Y no tenía que salir corriendo
Por las malditas gafas.
Brindo por cuando perfectamente
Escuchaba lo que decían en la mesa de al lado…
Y no me sentía preocupado
Por lo que dijera la gente.
Brindo por todas las medicinas
Que tengo que tragar cada día…
Y que me dan fuerzas para sobrellevar mi vida.
Brindo por los años que he vivido
Por las vivencias que he tenido
Por todos a los que he querido
Por todos los que me han despreciado
Por lo que he disfrutado...
Y por lo que he padecido.
Brindo por mis amigos ...
Por los que he perdido
Y por los que conservo...
Aunque estén igual de jodidos
Y se puedan sentir perplejos
Y cada día, como yo, mas viejos…
Salud amigos.
Sigan viviendo y contagiándome su alegría que es el alimento diario de todos nosotros.
Que tengan VV.MM. un feliz verano.
Y como dijo John Lennon:
“Don’t let me down…
And stand by me…”
Reflexiones...
Si a modo de reflexión
Estas palabras sirvieran
Para poder, de alguna manera
Amigo mío, alegrarte el corazón…
Si por poder… Pudiera
Mostrarte amigo mío
Donde me llevó el camino
De mi pobre existencia…
Ahora que el perfume del último abrazo
Aún en mi piel prevalece, quisiera
Amigo mío, decirte mi verdad, para que vieras
Lo mucho que te añoro y que te extraño.
Si como Pitágoras dijo,
Para que en el futuro nunca sea preciso
Castigar a los hombres imprudentes…
Hay que aprovechar bien el presente
Para educar mejor a nuestros hijos…
Que de la adolescencia, el único inconveniente
Es el no saber lo que se quiere,
Y sin embargo desearlo a toda costa,
Como el hierro que hiere, sin hacerlo a posta
Con todo el daño que infiere…
Que la juventud vive de los sueños
Y de la esperanza en un mejor mañana.
Y la vejez… Parada y fin que a todos nos aguarda…
La vejez solo vive de los recuerdos.
Que la juventud es un defecto
Que se corrige con el tiempo.
Que a la edad madura llegamos
Cuando teniendo que escoger
Entre dos tentaciones, no lo dudamos
Y escogemos a todo correr
La que nos hace llegar a casa temprano.
Y una gran lastima considero
Que el lapso de tiempo
Que en nuestra vida transcurre
Entre ser demasiado joven e inexperto,
Y llegar a ser demasiado viejo,
Tan brevemente, a menudo ocurre
Que con infinita tristeza, decir tengamos
Creo que se me ha hecho tarde… Demasiado temprano.
Que la madurez es el arte de vivir en paz
Con lo que nos es imposible cambiar.
Que la madurez es la habilidad
De realizar un trabajo, sin necesitar
Que otro nos venga a supervisar…
Y en el bolsillo, sin gastarlo, poder llevar
Dinero… Y hasta sin pestañear
La peor de las injusticias soportar
Y sin desear la venganza, poder perdonar.
Que somos maduros cuando por fin entendemos
Que hay que tolerar los defectos ajenos…
Pero no por eso justificar los nuestros.
Los viejos dan buenos consejos
Porque ya no pueden dar mal ejemplo.
Por mi parte, me han de disculpar
Pues les puedo asegurar
Sin temor a estar equivocado,
Que no me considero viejo, quizás algo cansado.
Ya tendré tiempo
Pero no hoy… Ni creo que por el momento.
Al menos por ahora, me refugio en mis sueños.
Por ahora no tengo tiempo
Para poder hacerme viejo.
jueves 23 de junio de 2011
Perdonen VV.MM. los silencios...
miércoles 13 de abril de 2011
Y la historia volverá a repetirse...
¿Como contar que la pena
Me está comiendo, como una fiera
Y me está devorando por dentro…?
Otro año más, Señor y van tantos…
Que no puedo acudir a tu cita.
Y en esta Biblia no escrita
Por el pueblo sevillano
No cabe más que otra rosa marchita
Y en mis ojos, sólo cabe el llanto.
¿Que a las tres de la tarde
Del mejor lunes del año
Yo no me pueda llamar a engaño
Pero sienta que mi corazón arde?
Y que las lágrimas me delaten
Cuando abrazo a mis hermanos.
Que mi hermandad ya está en la calle...
Que no puedo remediarlo…
Que en la calle está San Gonzalo
Y que ya no puedo sacarlo.
Lo que no tengo, gustoso daría
Por poder otra vez calzar la ropa
Y sentir de nuevo el alma rota
Después de terminar la corría.
Y volver a abrazar al amigo
Y volver a sudar junto a mis hermanos
Y morirme de amor en el Altozano
Y volver a nacer en San Jacinto
Y volver a morir de amor en mi barrio.
Y otra vez será igual y será distinto.
Y volveré a ahogarme en mi llanto
Cuando vea un nazareno de San Gonzalo
Y entre sollozos me sueñe a mi mismo.
¿Como explicar mis sentimientos?
¿Como contar que me ahoga la pena,
Que me está comiendo,
como la peor de las fieras…
Y me sigue devorando por dentro…?"
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo









